Una mesa de microcemento tiene algo mágico: aunque sea muy limpia y minimalista, en cuanto la vistes bien el comedor cambia por completo. Si acabas de estrenar la tuya —o estás a punto de encargarla a medida— es normal que te preguntes con qué combinarla para que el espacio no se vea frío.
Lo primero son las sillas. Con una mesa de microcemento, que ya tiene bastante presencia, suelen funcionar mejor las sillas ligeras visualmente: patas finas, respaldos estilizados y, si puede ser, asiento tapizado para sumar calidez. Si tu mesa es clara, unas sillas en madera natural o en tonos arena dan equilibrio; si la mesa es más oscura, puedes jugar con telas claras o con algún color suave (verde grisáceo, azul humo…).
Fíjate también en la altura del respaldo. Un respaldo muy alto en todas las sillas recarga mucho el conjunto. Una mezcla de sillas y banco corrido, por ejemplo, funciona genial con mesas de microcemento a medida, porque deja respirar visualmente el espacio.
Luego vienen los textiles, que son los que mandan el mensaje de “aquí se vive”. Un mantel de lino lavado, caminos de mesa que dejen ver el sobre de microcemento o unos individuales de fibras naturales suavizan la textura mineral sin taparla del todo. Si no eres de manteles, combina la mesa con cojines mullidos en las sillas y una alfombra grande que abrace el conjunto.
Por último, la luz. Una mesa de microcemento agradece una lámpara protagonista bien colocada, ni demasiado alta ni tan baja que moleste. Una lámpara de microcemento en el mismo tono —o en un tono ligeramente distinto— crea un efecto de “conjunto diseñado”, muy de interiorista. Completa con un centro de mesa sencillo: un jarrón con ramas, un cuenco de cerámica, unas velas bajas. Poco, pero bien elegido.
Así, tu mesa deja de ser “solo” un mueble y se convierte en el corazón del comedor.